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“MI ÉTICA ES MI ESTÉTICA Y VICEVERSA
''Por Vanessa Ramírez Martín ''

Hoy llueve sobre Santiago y sobre otras ciudades de Chile, esas las que suponemos serán las últimas presencias del invierno, antes de que nos inunde la primavera al son de la cueca mientras nos vamos aperando para las celebraciones del Bicentenario, que nos traspasa tanto como el agua caída hoy. Y dado que se me ocurrió salir a la calle a la hora del furor acuoso y caminar largo rato bajo la lluvia, mi mente estuvo divagando en torno a muchos temas que nos rondan por estos días y frente a cuya interpelación me pregunto: ¿cuál es nuestra ética y nuestra estética como país, como personas? ¿Será que en verdad hemos evolucionado a través de la historia? ¿O en realidad esa idea es una ilusión óptica?



Mis "desvaríos" (como les llama un amigo mío), comienzan leyendo hoy el breve y contundente comentario de Hernán Rivera Letelier, minero y escritor chileno, refiriendo su visión acerca de la parafernalia que se ha montado en torno al caso de los 33 mineros enterrados en Copiapó y el provecho que muchos están sacando a costa de este drama. Él señala que siendo minero conoce bien la dura realidad que viven esas personas y expresa su rechazo a esta idea mediática que algunos han denominado "reallity " y del cual seguimos noche a noche sus largos capítulos en el noticiero, con mayor o menor agrado, con mayor o mejor emoción, pudiendo incluso comprar chapitas con la frase célebre que todos conocemos. Ahí están esos hombres, vestidos del color "institucional" y el resto de nosotros acá, opinando acerca de si comerán o no empanadas y vino tinto en fiestas patrias o de si es más adecuado bajarles una cazuela... a riesgo de que los temas de fondo en este caso, esos que tienen que ver con justicia social y condiciones laborales dignas para todos los trabajadores y sus familias, queden enterrados ahí cuando los saquen a ellos... Rivera Letelier decía: "mi ética es mi estética y viceversa". Me pregunto cuál será la ética y por tanto la estética, que estaremos desarrollando como país frente a estos acontecimientos. ¿Será que podremos ser capaces de profundizar en el sentido hondo de esas palabras?

¿O quedaremos una vez más obnubilados por el show?


A propósito de fiestas patrias, hay quienes por estos días están rasgando vestiduras porque a nuestros "honorables" se les ha ocurrido legislar acerca de los días feriados para los trabajadores del comercio. El presidente de esa cámara ha anunciado los horrores económicos que va a implicar el hecho de que por tres días todo esté cerrado. Que habrá desabastecimiento, que los pequeños empresarios del comercio perderán millones, que el paseo familiar al "mall", tan "propio" de nuestra identidad cultural, se verá dañado por esta medida.... Valor!! Me pregunto qué dicen los trabajadores del comercio, los sindicatos de las grandes cadenas comerciales, porque a ellos no se les ha entrevistado... ¿Será que les afectará en demasía pasar unos días con sus familias en vez de estar siendo explotados en las tiendas de sus empleadores?



Por su parte, los empresarios más importantes del país se reunieron con el Presidente para hacerle ver su preocupación y exigir garantías de que contarán con las condiciones para generar toda la energía necesaria en los sistemas productivos que aseguren el desarrollo del país. Es lógico que estén preocupados frente a un Jefe de Estado que comete algunas torpezas en este sentido, tras su esfuerzo ciego de conseguir la aprobación y el respaldo de la ciudadanía, aún a riesgo de hacerle constatar a ésta sus desaciertos e ineficiencias. Me pregunto si es que en medio de esa vorágine, habrá un tiempo calmo para reflexionar acerca de los elementos que deberían hacer parte del país que queremos construir de cara a los próximos 100 años. ¿Será que el desarrollo humano integral, ese que es individual y también colectivo, que implica mirar con seriedad y responsabilidad el camino que elegiremos para hacer posible la vida con dignidad de todos los que compartimos la Casa Común llamada Chile, será parte de nuestras preocupaciones como sociedad por estos días?


Me permito un desvarío más, suscitado por la sincera emoción de conocer la decisión en torno a nuestra Premio Nacional de Literatura del Bicentenario, Isabel Allende, la cuarta mujer en la historia de estos premios. Dato no menor si consideramos que más de 40 caballeros ya lo han recibido a lo largo de esa historia. ¿Será que las mujeres escriben menos? Se preguntaba un amigo esta mañana, a lo que yo decía: no es que las mujeres escribamos menos, hay múltiples razones que dan cuenta del hecho. Junto con el peso objetivo de la "cultura dominante", que continúa siendo patriarcal, me atrevo a decir que a muchas mujeres escritoras no nos interesa competir por los premios, pues nuestra mirada suele ser otra, misma que puede interpretarse como "bajo perfil" y falta de motivación al éxito. Pero que sabemos es una mirada poderosa, movilizadora y no actúa desde los lugares comunes, sino justamente desde aquellos espacios cotidianos que es desde donde se impulsan las auténticas transformaciones. Un ejemplo de lo cual es el libro de Isabel que refiere a la cocina afrodisíaca y en el que, en torno a un sinnúmero de sabrosas recetas, despliega magistralmente su pensamiento acerca de la sensualidad y el erotismo, aspectos que invariablemente nos llevan a reflexionar acerca de la ética y la estética contenida en aquello profundamente humano. Claro que esto suena incomprensible y hasta mediocre en una sociedad que ha dejado de pensarse a sí misma, porque ha delegado a otros, con no poca indolencia, aquello que le es
más propio: dar sentido a su devenir.



Mientras escribía, la lluvia dejó de caer sobre la ciudad y el cielo limpio deja ver un poco de la luna menguante que debe estar en algún lugar esta noche. La estética de ese paisaje hermoso que es la ciudad, al menos desde donde yo puedo verla, me interpela respecto de las situaciones que me llevaron a estos desvaríos del día, y me enfrenta a la pregunta de fondo: cuál es nuestra ética como individuos y como país. Yo entiendo la ética como un modo de ver, de sentir, de de ser y estar en el mundo, nuestro particular modo de actuar, de "ponernos en escena" para desplegar en nuestras acciones de todos los días aquello que decimos que somos y que se sustenta en nuestros valores, es decir, en aquello que atesoramos como lo esencial para la vida, aquello que nos permite ser genuinamente humanos. Y que por tanto, trasciende a aquello que constituye la ética colectiva, la de todos los que somos parte.
Desde este enfoque me pregunto: Qué ética es la que actúan quienes están en el mundo de la minería, incluyendo al Estado de Chile. Cuál es la ética del mundo empresarial, cuál la de quienes señalan impulsar el desarrollo y el progreso. Cuál es la de quienes promueven la cultura y la educación en nuestro país. Cuál es la ética de los gobernantes de turno, la de nuestros parlamentarios, la de cada uno de nosotros ciudadanos de a pie que transitamos en medio de todo esto...


La lluvia, que siempre es fecundadora, me lleva a confiar en nuestra capacidad de conciencia activa, esa que nos permite ver a aquellas personas y situaciones que todavía están en la sombra de lo que no se ve, no se dice y no se coloca en el centro de la reflexión y acción cotidiana, en medio de tantas cosas que nos ocupan por estos días, en medio del colorido y las banderas de los festejos bicentenarios y de los abrazos entre estatuas en la plaza de los ciudadanos, en medio de las compras urgentes antes de que todo se acabe... Porque son muchos los que una vez más, no tendrán condiciones para celebrar las fiestas; porque nuestra Tierra, la casa de todos, continúa estando amenazada por el hambre voraz de unos pocos, hambre disfrazada de desarrollo y progreso para todos. Porque todavía no se han reconstruido las casas, las vidas y las historias de los damnificados de febrero. Porque hay 32 hombres que podrían morir estos días y no están en la mina de Copiapó y porque hay 33 que seguirán ahí, esperando.


Por todo esto y por lo que aún nos queda por construir para los próximos 100 años, quiero creer que este podría ser un tiempo de transformación, de eclosión de frutos nuevos, como en primavera! Este podría ser un tiempo de evolución, en que demos juntos un salto cualitativo de conciencia que nos lleve a volver a lo profundamente humano, desde una mirada ética que se oriente a la vida abundante, plena, justa, feliz para todas las personas. Podría ser también una oportunidad de recuperar nuestra capacidad de estética, es decir, de percibir, contemplar y dejarnos maravillar ante lo bueno, bello y verdadero que el mundo y que los seres humanos aún somos. Si podemos ver esto, si podemos sentirnos movilizados a provocarlo, entonces esta "visión" que muchos soñamos ya no será una ilusión óptica...

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