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“EL AGUA TAMBIÉN PODRÍA SER BUENA PARA EL CORAZÓN"
''(ANTOINE DE SAINT EXUPÉRY, “EL PRINCIPITO”) por Vanessa Ramírez''

Y ".... si dispusiera de 20 minutos de tiempo, caminaría lentamente hacia una fuente...", comenta el Principito con su amigo el piloto, mientras caminan juntos en el desierto.



En el Día Mundial del Agua, y me han venido estas reflexiones escuchadas alguna vez en otros contextos, porque me parece que es un tema central poder detenernos a mirar, en medio de tantas problemáticas y desafíos que tenemos como humanidad a diario, la realidad de millones de personas en todo el mundo para quienes la falta de acceso al agua constituye una situación de la mayor gravedad y desespero.



En estos días "post terremoto" en Chile, muchas personas acostumbradas a contar con este vital recurso de manera continua e ilimitada, han debido enfrentar complejos momentos procurando obtener algunos litros de agua potable para realizar sus actividades de la vida diaria. Asearse, cocinar, beber un vaso de agua fresca, ha sido un verdadero lujo para muchos, especialmente en las localidades más afectadas.



En este contexto, me parece pertinente una reflexión acerca de la temática del agua como un bien común que constituye un derecho humano esencial para la vida en el planeta. Porque hemos de reconocer que hay personas y comunidades completas para quienes el acceso al agua les es negado sistemáticamente, por diversas razones, entre las que podemos señalar: la apropiación que han hecho las grandes empresas de las principales cuencas hidrográficas en nuestro país, para su uso en las actividades productivas que desarrollan, afectando con ello a comunidades completas que prácticamente han desaparecido o se han visto obligadas a cambiar sus tradicionales actividades económicas en función de la disponibilidad limitada de este recurso (véase por ejemplo, lo que ha ocurrido en el Valle de Pica, Región de Tarapacá, Chile, en la que no sólo se han visto afectadas las actividades económicas sino que la propia identidad cultural de sus habitantes). Concurrimos como sociedad, al espectáculo de la contaminación indiscriminada de fuentes de agua, perjudicando la salud de las personas y del ecosistema. Contemplamos la apropiación de los derechos para su uso por parte de privados y empresas transnacionales, que luego la envasan y nos venden a precios exorbitantes el agua que en principio era de todos!! (Y esto sumado a la consiguiente contaminación ambiental producto de los desechos plásticos que el negocio genera). Vemos con extraordinaria pasividad, cómo el agua puede ser "consumida" sólo por aquellos que pueden pagarla, pues se ha universalizado la práctica de poner en manos de la empresa privada la gestión del agua potable en las comunidades humanas urbanas y rurales.




Esto es perverso y aberrante, si consideramos que el agua es un elemento esencial para la vida Es decir, podrán vivir sólo aquellos que puedan pagar??. Esto es, la tierra, los animales y demás seres vivos, las personas que viven en situación de pobreza en todo el mundo, están condenados a morir porque no tienen dinero para pagar por ella??. Pero... cómo puede ser posible esto si el agua es un bien común, herencia de todos y un Derecho Humano??



En países llamados del "tercer mundo", miles de niños mueren diariamente por no contar con aguas libres de contaminación. Existen personas que deben caminar largas distancias para acceder a las fuentes comunitarias de agua, porque aún teniendo las instalaciones de tuberías en sus casas, no pueden hacer uso dado que no tiene dinero para pagar este recurso. El agua, que era de todos, se ha privatizado al extremo de que asistimos, prácticamente impávidos, al escándalo de que quienes no tienen condiciones para adquirirla, simplemente quedan excluidos y condenados a muerte. Y una muerte lenta, que afecta a todo el entorno en que las personas viven, porque les impide cultivar sus alimentos, hidratar su tejido celular y desarrollar las funciones fisiológicas, biológicas, químicas indispensables, con los consiguientes efectos que eso tiene para la vida del cuerpo.



Vale la pena no dormirnos frente a esta situación que nos afecta como humanidad. Nuestro país tiene un gran desafío en términos de recuperar la propiedad de su agua para los chilenos. Cabe recordar que casi al término del mandato de Bachelet, se avanzó en recordar que este era un tema ambiental pendiente y se enviaron iniciativas al Congreso. Me quedo pensando qué pasará con esta temática en el contexto del nuevo gobierno...



En fin, tarea de todos nosotros como ciudadanos: necesitamos movilizarnos como país frente a lo que significará en el futuro próximo la crisis del agua, haciendo esfuerzos por recuperar hoy el Derecho humano al agua para todos, promoviendo una mayor conciencia de cuidado y uso responsable de este recurso en términos de su protección y preservación, sancionando las acciones de contaminación de fuentes hídricas en el país y garantizando la disponibilidad de este recurso vital para la seguridad alimentaria de nuestras comunidades.



Por ello, me hace sentido sumarse a la lucha por una Convención internacional por el Derecho humano al agua. Aunque, desde mi punto de vista, el gran desafío es cómo movilizamos nuestra conciencia activa hacia una transformación de nuestras percepciones y valoraciones. Pues ninguna convención podrá hacer que valoremos la tierra y sus bienes dispuestos para todos, si no es desde una actitud personal que se sustenta en los derechos humanos para todos y desde una conciencia ecológica que convenza, que eduque y movilice a otros para dejar de ser depredadores de la tierra y transformarnos en cuidadores responsables de la misma, entendiéndonos como habitantes de una Casa Común en la que todos tenemos parte. Aún alimento la esperanza activa de que podamos recuperar como seres humanos, nuestra capacidad de contemplar y de maravillarse frente a la majestuosidad de la vida que se derrama en cada gota de agua, del afluente que empuja torrentes y fecunda la tierra, que produce frutos sabrosos, que nos baña generoso. Si pudiéramos acercarnos a la fuente y beber de ella con el mismo profundo sentido sagrado con que lo ha hecho el Principito, seguramente al igual que él nos tomaríamos 20 minutos para caminar lentamente hacia ella y a la orilla del pozo, con el brocal en la mano, poder decir juntos que "el agua también es buena para el corazón..."    

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