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UN ASESINO ANDA SUELTO: LA TEMIDA “ARAÑA DE LOS RINCONES”.
''Sus hábitos nocturnos la hacen especialmente peligrosa, pues puede acercarse a las camas durante el sueño o esconderse en la ropa que cuelga de paredes o sillas.
Por Ciro Calderon Moncayo ''


Chile es un país relativamente libre de animales ponzoñosos. No tenemos serpientes letales, escorpiones venenosos ni otros agresores de cuidado como existen en variadas latitudes. Sin embargo, hay dos especies de arañas que sí pueden causar graves lesiones en el hombre y derivar, incluso, en complicaciones fatales. Una de ellas, Latrodectus mactans o "viuda negra" o "araña del trigo", es de habitat rural, haciendo sus nidos entre matorrales o campos sembrados, frecuente en trigales o pastizales.


De ahí su nombre. Su mordedura causa dolor lacerante local, poco llamativo, pero después se puede desencadenar un cuadro llamado latrodectismo por toxicidad del veneno de esta araña que contiene una neurotoxina y que consiste en dolores generalizados, agitación sicomotora con fiebre, espasmos musculares, sudoración profusa, hipertensión arterial transitoria y arritmias, náuseas y vómitos y, a veces, priapismo (erección persistente y dolorosa), lo que ha generado el término popular de "picado de la araña" para referirse a quienes tienen fama de donjuanes. Este cuadro puede provocar la muerte en pacientes crónicos cardiópatas, con insuficiencia respiratoria o renal, ancianos y niños pequeños.Pero la verdadera asesina que se oculta en nuestros hogares es Loxosceles laeta, la temible "araña de los rincones", de habitat doméstico, nos acompaña en la vivienda y vive junto a nosotros detrás de los cuadros, en bodegas y despensas mal aseadas, subterráneos, interior de los closets, bajo las tablas del piso, techos y detrás de los muebles que no se mueven nunca. Sus hábitos nocturnos la hacen especialmente peligrosa, pues puede acercarse a las camas durante el sueño o esconderse en la ropa que cuelga de paredes o sillas.


Mala tejedora, prefiere salir a cazar a sus presas escudándose en la oscuridad y la tranquilidad de la noche, cayendo sobre sus dormidas víctimas: moscas, polillas, cucarachas, grillos, mosquitos.


Su veneno es uno de los más potentes que se conoce en la naturaleza y tiene propiedades necrotizantes y hemolíticas, es decir, destruye los tejidos y los glóbulos rojos de la sangre. En el lugar de inoculación, mordedura, se siente de inmediato un dolor como quemadura que se va extendiendo y acrecentando, apareciendo en pocas horas una placa rojiza que se torna violácea y más tarde negra, por necrosis del tejido. Esta es la conocida como placa livedoide y es consecuencia de la toxicidad local del veneno, con destrucción de vasos y tejido cutáneo. Puede dejar una úlcera en la piel al desprenderse y terminar con cicatriz deformante. Una forma más benigna es con edema, enrojecimiento superficial, escaso dolor y prurito. Probablemente la gravedad y extensión del cuadro de loxoscelismo cutáneo es dependiente de la cantidad de veneno inoculado por la araña. Conozco casos en los cuales se ha desprendido una gran superficie de piel que ha necesitado injertos para su reparación adecuada.


Más grave es el cuadro de loxoscelismo cutáneo-visceral, afortunadamente poco frecuente, pero con muchos casos fatales. Se produce cuando el veneno penetra a la circulación sanguínea y genera hemólisis de los glóbulos rojos, originando una reacción en cadena con insuficiencia renal aguda, anemia severa, fiebre alta y falla orgánica múltiple. Este cuadro se suele instalar a las 24-48 horas después de un cuadro cutáneo puro y tiene una elevada mortalidad. No guarda relación con el tamaño de la lesión de la piel y cada caso de loxoscelismo debe ser vigilado atentamente durante este periodo para prevenir el cuadro visceral aplicando precozmente el suero anti-loxosceles.


L. laeta es posible encontrarla prácticamente en todos los hogares. No es fácil distinguirla de otras arañas que se puedan encontrar en la vivienda, pero no tiene patas atigradas, ni tampoco patas largas y delgadas. Es de complexión robusta, proporcionada entre patas y cuerpo, muy rápida y se esconde con velocidad. Su mordedura casi siempre es accidental al irritarla o pasarla a llevar sin darse cuenta al ponerse ropa o durante el sueño. Las camas apegadas a las paredes son especialmente riesgosas al igual que la ropa colgada en talleres, garajes, panaderías y otros lugares.


No hay que entretenerse preguntándole el nombre a una araña en el hogar. Es mejor matarla primero y después tratar de saber cómo se llamaba. El aseo y la higiene son esenciales para evitar su propagación.

Y tener mucho cuidado al entrar a desvanes o bodegas oscuras de escaso tránsito, pues allí suelen resguardarse y procrearse sin control.


Con la Loxosceles laeta no se juega, es un asesino potencial agazapado en nuestro propio hogar.

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